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lunes, 6 de diciembre de 2010

AGRICULTURA: GUARDAR EN EL CAMPO

Dice un viejo refrán de Castilla que quien guarda en el campo, guarda para otro, en clara alusión a la vulnerabilidad que tienen los bienes en plena naturaleza, pues están expuestos a que llegue cualquiera y los hurte. La agricultura siempre ha sido víctima de los robos, pero la situación que han presentado las organizaciones agrarias, sobre todo Asaja, se ha agravado en los últimos días. Ahí están sucesos como el del cabrero de Rute que mató el sábado de la semana pasada a un ciudadano marroquí cuando éste intentaba entrar en su finca junto con otros dos individuos. También se pueden contar los robos con violencia en una finca de Santaella, donde resultó herido un guarda, y las recientes amenazas y robos en su finca al presidente de Asaja, Ignacio Fernández de Mesa. Sucesos como estos y otros que no salen a la luz pública han hecho saltar las alarmas y han puesto sobre la mesa las tensiones, la preocupación y el miedo que tienen quienes viven del campo por las pérdidas y por el riesgo que supone gestionar el día a día de una explotación.

Pequeño valor

La mayor parte de los robos son de pequeño valor. El secretario general de COAG, Francisco Garrido, relata casos como los de los cultivadores de melones de Montalbán. "Se ven obligados a dormir en las fincas cuando el fruto está casi maduro y a veces se da el caso de que les roban en una parte de la finca y cuando acuden los guardas los asaltantes están en la opuesta". Garrido señala además que "no es sólo lo que se llevan, sino el destrozo que realizan porque en muchos casos los melones no están maduros y quiebran las matas". La mayoría de estos hurtos, por su valor, no se denuncian. Otro tipo de robo muy frecuente es el de los aperos. Salvo en los casos de elementos tecnológicos como vareadoras, grupos eléctricos o vibradores, los hurtos de aperos tienen un escaso valor pero su robo supone un serio trastorno para el agricultor. El secretario general de Asaja, Rafael Navas, apunta, por otra parte, que como la situación "ha ido empeorando" ya se roban hasta las cosas más inverosímiles. Señala que a un ganadero de una finca situada entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba le robaron hace unas semanas el cercado de la finca. En esta zona, según el dirigente de la patronal agraria, también son frecuentes "los robos de cochinos y de corderos a pie de carretera y claro, al que le roban un cerdo, un cordero o una cabra pues no suele denunciar y si denuncia, cuando cogen al ladrón no le pasa nada porque el valor de lo robado no supera los 400 euros". Así, Asaja pide que se cambié el Código Penal y se amplíe la consideración de los delitos.

Hay que denunciar

Las organizaciones agrarias sostienen que hay que denunciar ante la Guardia Civil hasta el hurto más insignificante. Rafael Navas considera que el hecho de que el valor de lo robado sea pequeño y la molestia de ir al cuartel y rellenar formularios de denuncia, hace que la mayoría de los agricultores desistan de interponer una demanda cuando sufren un robo. El problema de esto, según Navas, es que estas denuncias no se investigan, ni constan en las estadísticas, y los delitos quedan impunes. Navas afirma que la Guardia Civil desarrolla un papel "muy importante" en la prevención de este tipo de delitos; el problema es que "hay pocos efectivos para luchar contra la escalada que se está viviendo en los últimos meses". Para Francisco Garrido, de COAG, la presencia de la Guardia Civil es "permanente", pero guardar el campo "es complicado y la crisis quizás ha hecho que se incrementen estos robos en distintos puntos a la vez".

Olivar controlado

La campaña de la aceituna, según Asaja y COAG, está bastante bien controlada. Los robos de aceituna, cuya recogida se encuentra ahora en pleno apogeo, tan antiguos como la historia del olivar, alcanzaron su etapa más virulenta durante finales de los años 90. Esto hizo que se intensificaran los controles, puesto que el robo en los tajos es muy difícil de evitar debido a que la recolección suele estar muy dispersos y llevarse varios sacos en un coche es relativamente fácil. El problema, por tanto, era de una dimensión considerable hace unos años y se comenzó a atajar una vez que la Guardia Civil empezó a controlar las almazaras, lo que evita que los ladrones vendan lo robado y que se molture luego junto con la aceituna legal. Tal es la presión que se realiza sobre estas empresas que la práctica se ha erradicado, aunque de vez en cuando surjan casos como el de una almazara de Pedrera, donde la Guardia Civil detuvo a los tres responsables de fábrica e imputó a otras 100 personas, la mayoría de nacionalidad rumana por robos en el campo. Los hurtos, en las provincias de Jaén, Sevilla y Córdoba, y la posterior venta se producían de madrugada. En cualquier caso es un suceso aislado y según Navas y Garrido, cada vez más infrecuente.

Movilizaciones .

Francisco Garrido cree que sería positivo que las organizaciones agrarias más importantes de la provincia, COAG, a la que representa, Asaja y la UPA se unieran o mantuvieran encuentros dirigidos a pedir medidas para evitar la escalada de robos en el campo. "Sería importante y no descarto intentar convocar a los compañeros", apunta Garrido, quien entiende que es necesaria esta acción coordinada. Para Navas, sin embargo, todo son críticas a la Subdelegación del Gobierno que, según su organ izacioón, "no está tomando medidas en firme ni le preocupa lo más mínimo lo que está ocurriendo". Para el secretario general de Asaja, la Subdelegación se ampara en las estadísticas y en el bajo número de denuncias, porque éstas no se suelen efectuar, pero "saben que la situación de inseguridad es cada vez mayor".

¿Punto y aparte?

El caso del cabrero de Rute, quien presuntamente disparó contra un ciudadano marroquí causándole la muerte cuando éste intentaba acceder a su finca, podría haber sido un punto y aparte para que se intensificaran las medidas, pero todo apunta a que la situación seguirá igual. Rafael Navas respalda la actuación del cabrero y dice que "sólo cuando se vive una situación de acoso de ese tipo en el campo y en mitad de la noche se sabe cómo se puede reaccionar, porque es una situación límite". Garrido cree por su parte que la gente está exaltada y eso es "grave. ¿Se convertirá el campo en un escenario de cuatreros similar al del oeste americano? Para Navas, si no se toman medidas sí.

Amenazas

Tan malos son los robos como las amenazas, en ocasiones de muerte, a los propietarios y guardas de las fincas. Se trata de situaciones límite que son difíciles de gestionar en los pueblos, donde todo el mundo se conoce. Tampoco se suelen denunciar. En Santaella, el guarda de una explotación recibió un golpe en el brazo y recibió amenazas de muerte. Desde entonces, no ha vuelto a guardar el campo. (El Día de Córdoba. Fco. Javier Dominguez)