Con precisión de relojero José Luis Rey, (Puente Genil, Córdoba, 1973) estruja y exprime el lenguaje hasta alcanzar cotas de maestría poética. Este doctor en Literatura Contemporánea se distingue en el verso de una admirable humanidad que obsequia luz a las grietas del ser. La elegancia literaria en las formas y en el fondo le han hecho estar galardonado con premios como el «Gil de Biedma» con La familia nórdica, «Loewe» con Barroco o recientemente el "Tiflos" con la obra Las visiones. Este último libro constata la depuración del idioma de un poeta que ama la belleza por encima de todo. José Luis Rey es un grafómano con el incontestable e inconsolable vicio de la escritura sin dejar pasar por ello el aire limpio de la vida.-Aprovechando el título de su último libro, ¿el arte no deja de ser una visión?
-Siempre me ha interesado lo visionario en arte. Los pintores y poetas (y diría hasta músicos) que más me interesan son los visionarios. El poeta visionario va mucho más allá del poeta realista; no niega la realidad, pero la amplía, la hace más profunda y más simbólica, más trascendente. Lo visionario es la capacidad de ir más allá de lo que observamos a simple vista. Por ejemplo, Paul Klee es un pintor visionario. Sus elementos tomados de la realidad nos hablan al mismo tiempo de otra realidad mayor. Esto es lo que me interesa en arte.
-En «Las visiones», como en otros libros suyos, hay abundancia de hechos históricos. ¿Es la poesía adecuada para revisar la historia?
-Para mí todo puede servir de excusa para un poema. Lo mismo un hecho histórico que un episodio bíblico que un humilde plato de sopa. En este sentido, lo histórico es solo un elemento a transformar más para lograr una poesía trascendente. Pero lo que menos importa es el argumento suponiendo que en poesía haya argumento. Lo que menos importa es la excusa temática. El poema ha de existir por sí mismo y llevarnos de la mano a otra realidad mayor.
-Se siente deudor de poetas como Juan Ramón Jiménez, Claudio Rodríguez o Gimferrer. ¿Qué aprendió de esos maestros?
-Ha citado usted a tres de mis poetas favoritos del siglo XX. Son muy distintos pero tienen algo en común: la gran calidad de sus respectivas obras. Juan Ramón Jiménez lo fue todo para mí en la adolescencia y lo sigue siendo aún hoy; de él he aprendido la exigencia constante, la ambición, el sueño de lograr lo más alto con lo más humilde que tenemos, las palabras. Del gran Claudio, el impulso vital, el don de celebración de la vida y el mundo. Y de Gimferrer, el cuidado estético, la emoción perfecta, el esplendor. Y, en el plano personal, también he aprendido de Gimferrer generosidad; él siempre ha sido muy generoso conmigo.
- ¿Los premios son la única garantía de supervivencia económica del poeta?
-Los premios vienen bien, pero no solo por su cuantía económica; también por la mayor rapidez en la publicación del libro. Para un autor que acumula libros inéditos como yo, una mayor diligencia en la publicación es algo que se agradece.
-¿Han sido más farragosas que estéticas las disputas entre las corrientes poéticas en España?
-A mí me encantan las disputas estéticas, siempre que no sean motivadas por el resentimiento o la envidia. Lo más habitual en España es que dicho resentimiento y dicha envidia estén detrás de las disputas, como la que enfrentó a la diferencia con la experiencia. Pero mientras se haga honradamente, y solo por principios estéticos, una discusión sobre poéticas o estilos puede ser muy enriquecedora.
-¿Qué tiene Andalucía para ser una tierra tan fértil para la poesía?
-El poeta ha de nacer bajo un cielo claro, según Nietzsche. Andalucía tiene una larga tradición poética. Los mayores poetas españoles suelen ser andaluces: Góngora, Juan Ramón, Lorca, Cernuda? Sin embargo, grandes poetas como Gimferrer o Claudio Rodríguez, ya mencionados, no son andaluces. La patria de un poeta es su palabra y su estirpe estética; esa patria es la que se elige, no la que se nos da.
-¿Ha perdido ambición la literatura en pos de las ventas y el marketing?
-Yo creo que la verdadera literatura sobrevivirá a las novelas históricas y las otras ofertas masivas del mercado. No nos engañemos; la literatura es cosa de pocos, de una inmensa minoría. Máxime en el caso de la poesía, que compran y leen mayoritariamente los poetas. Pero esto, que parece una desventaja, también puede ser una ventaja: al no estar la poesía determinada por tendencias de mercado, el poeta es el más libre de los escritores; puede escribir lo que le venga en gana, experimentar, equivocarse, cambiar de rumbo? Puede ser él mismo siempre y no ceder nunca a ninguna moda. Esto es lo que yo he intentado hacer, al menos.
- ¿Qué postura puede adoptar un escritor en estos tiempos tan nefandos?
-La de escribir, la de no ceder a la pereza y al qué más da ante la desidia y la impotencia de políticos y gestores. La escritura es la última forma de resistencia; el lenguaje no pueden quitárnoslo. Hay que recordar el gran poema de Blas de Otero, el que aseguraba que nos queda la palabra. Confiemos en ella para salir adelante.( Lauren García )

